Antonio Burgos, espejo onírico de la memoria
andaluza
El escritor y columnista presentó ayer en Cádiz su nuevo libro, «Mirando al mar soñé»
JOSE LANDI
CADIZ.- «Es la última criatura de uno de los primeros columnistas de este país y de uno de los mejores escritores de nuestro tiempo». Así presentó el maestro de ceremonias, Jesús Quintero, la última obra de Antonio Burgos, Mirando al mar soñé. El volumen recoge una recopilación de escritos, publicados en El Mundo de Andalucía, en la que se dibuja de forma onírica y sensual la memoria de los andaluces que no cumplirán los 45 años.
La omnipresencia poderosa de la radio, la influencia del cine, los viajes de Cádiz a Sevilla, de Sevilla a Cádiz, la miseria, la ilusión, el pecado y la censura son piezas de un rompecabezas sentimental. El amigo (casi cómplice) Quintero ilustró las impresiones de los oyentes y aseguró que la obra repasa «los recuerdos de los niños de la posguerra, los adolescentes del primer Chester, los jóvenes que soñaron con la libertad y los adultos que tuvieron tanto por hacer».
La presentación estuvo prolongada por una ceremonia llena de público, ad, aroma y color. Los asistentes fueron decenas, los amigos representativos de la esencia andaluza, el olor «el de la alhucema» y el color, ese indescriptible del atardecer en La Caleta.
Antonio Burgos eligió la ciudad de Cádiz para la presentación a nivel nacional de una personal y pasional colección de recuerdos. Además de situarla en su patria chica «por elección», según Quintero, el escritor escogió con tino el momento y la compañía. El prólogo comenzó a las 18.09 de la tarde de ayer, exactamente el instante marcado para la puesta de sol.
HABANERAS Y TANGOS.- En uno de los balcones de
la Bahía, el coro de Julio Pardo puso a la
ceremonia acordes de habaneras y tangos, sonidos
de ida y vuelta. Allí se dieron cita
representantes de algunos de los mundos más
amados por Burgos. El de la tauromaquia no pudo
tener mejores representantes que un maestro, El
faraón de Camas, y un aficionado señero por
antiguo novillero, José Ruiz Manteca. Otra de
sus pasiones, el Carnaval, se encarnó en muchos
de los mejores autores vivos. Julio Pardo,
Antonio Martín, Joaquín Quiñones o Pedro
Romero, entre ellos. Otros sectores no menos
frecuentados y queridos por el escritor, como el
literario y el periodístico, le respaldaron en
idéntica proporción.
Jesús Quintero fue el introductor del acto.
Llegó tarde -problemas de vuelo- pero le dio la
vuelta al percance para convertirlo en la primera
carcajada de muchas: «Si Aznar les pidió
perdón a los conductores por la nieve del otro
día, espero que me lo pida a mí por el retraso
en el avión de Iberia».
El queridísimo en Cádiz Loco de la Colina se
contagió de la obra de Burgos y echó la vista
atrás. Resucitó el papel de aquella radio en
blanco y negro que era la imaginación y el color
de los niños de entonces. Jugó con la
evolución de las ideologías y las etiquetas:
«Rojo le llamaban entonces al amigo Antonio,
todo por escribir Andalucía, tercer mundo.
Entonces éramos andalucistas».
Acompañando a Burgos, desde los recuerdos
escritos hasta hoy, Quintero afirmó que el
escritor se ha convertido en «maestro del
costumbrismo y el hachazo, y alguno me ha caído
a mí». Antonio Burgos mantuvo alto el listón
del humor para presentar su obra y le dijo a
Quintero que su presentación estaba bien, «si
el pasodoble, el cuplé y el popurrí son del
mismo nivel, a lo mejor entras en la Final del
Falla». Fundiendo actualidad, ironía y
diplomacia quiso recordar a los que le han
ayudado a dar a luz al libro: Jesús Quintero,
Planeta, Francisco Rosell y José Antonio Gómez
Marín.
«Recordar es bueno para saber lo que se
es»
El último libro de Antonio Burgos «huele a
alhucema, a mar, a pobreza, a ilusión, a limpio.
Los olores tienen un gran poder de evocación, a
mí me gusta mucho que los libros huelan.
Entonces todo parecía más limpio, más
inocente. Era la cultura del malestar»,
manifestó ayer el escritor.
Preguntado por cómo recordarán los
adolescentes actuales su juventud, Burgos dijo:
«Si hemos de continuar con el poder evocador de
los olores, la recordarán con el ketchup y los
cartuchos de patatas fritas. De todas formas, son
sus criterios estéticos, sus elecciones, tan
respetables como todas las demás».
El autor de Mirando al mar soñé se refirió
a la melancolía de este modo: «Aunque Jesús
Quintero se planteaba si es o no un acierto, yo
creo que sí. Conviene acordarse de lo que uno
es, de lo que somos todos. Durante mucho tiempo
hemos sufrido algunas amnesias, algunas elipsis
intencionadas. Recordar es bueno para saber lo
que se es».
En cuanto a si el libro rezuma andalucismo o
Andalucía el autor sostuvo categóricamente:
«Andalucía».
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