| JOAQUÍN CARO ROMERO La Giralda toreaba |
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¿Quién no vio ayer torear a la Giralda? Yo fui uno de los miles de aficionados que lo vieron y que lo pueden contar. Vivir para contarlo. Vivir para cantarlo. Porque si en la tercera corrida de Feria repicaron las campanas de la Giralda y la séptima las ramas de romero perfumaron toda la plaza, en la décima -la décima tenía que ser, que es, con el soneto, la estrofa de las rotundidades -las campanas volvieron a repicar y el romero -y el clavel- convirtieron en jardín la Maestranza. Y, además, vimos torear a la mismísima Giralda como en un sueño. Y aún debe estar toreando, con la torre de la Plata y la del oro de peones de brega. El cielo por montera y el Guadalquivir por faja. Curro Romero, que con la paleta, digo con la muleta, puso alma, color y línea en el lienzo castaño de "Serenito". Lleno de gracia como un avemaría torera. Pétalo a pétalo se hizo la flor. Raíz de un tallo de privilegio que no tiene rival. El rocío de la emoción se llama lágrima. Y la lágrima de Sevilla fue a caer en la guitarra de cristal y seda del arte de torear. No dio más de quince pases de muleta Curro Romero. Pero con tanta perfección que la faena alcanzó la cima del arrobamiento. Lo justo, lo medido, lo graduado en la quintaesencia. ¿De qué torero se puede decir hoy esto? Adornos, desplantes. Curro no se descompuso nunca. La Giralda tampoco. Los naturales pusieron el vello de punta. Y los muletazos con la derecha. Despacio, muy despacio. La música. El clamor. En pie de gloria la Maestranza. Y una estocada honda, fulminante. Y los tendidos se llenaron de alas de palomas blancas: los pañuelos. Hasta la duquesa de Alba pedía las orejas para Curro desde el palco maestrante. Todos a una pidiendo la Giralda. El primero de Curro fue devuelto porque no se podía ni tener en pie. Hace el número ocho de los que han rechazado para la lidia hasta el presente. Las cinco verónicas y media que le dedicó al reserva tuvieron el sello de la casa Romero. El toro a la muleta llegó con media arrancada. Las reses de corta embestida no le van bien a nadie, y menos a Curro. No obstante, se esforz&ozcute; y le vimos entregarse a la improvisación y a lo exquisito, que si no alcanzó cotas más elevadas fue por la resistencia a colaborar de su fatigado enemigo. Estocada y ovación que agradeció desde los medios. Bueno, si no hay sorpresas el domingo, esta Feria ya tiene un diestro triunfador. ¿Quién va a ser si no Curro Romero? Porque si Romero, después de cortar cuatro orejas en Sevilla y de verlo torear como ha toreado las tres tardes, no es triunfador este año, lo será la Giralda, que es la única que le hace sombra. Vamos, digo yo. Lo del número de orejas es lo de menos. A Curro le importan tan poco. El no las necesita, por eso no da la vuelta al ruedo con ninguna en la mano. Le basta con torear como él solamente sabe hacerlo. La Giralda toreaba ayer tarde. La Giralda, como todo símbolo, toreó por soleares y repicó por alegrís, inseparable de este torero de pintores y poetas. Torero popular donde los haya, por los cuatro costados. A Curro hay que pedirle que en lo sucesivo, cuando venga, haga soleá: |
| "Cuando me pintes, pintor, pinta esa torre conmigo, que pinta mi corazón. |
| Diario ABC Sobre la corrida celebrada en la Real Maestranza de Sevilla el Sábado 23 de Abril de 1977 |
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