Curro Romero ha comenzado a preparar la temporada en los tentaderos antes de
participar en los festivales que tiene comprometidos.
Es puntual siempre, llega a la finca y se viste de corto de forma solemne. Cuando
está dispuesto es un "dije". Las botas, limpias; las calzonas, planchadas
con mimo; la chaquetilla incólume, siempre abotonada por arriba; la camisa
blanca reluciente; todo es parte de un rito bien aprendido. No caben improvisaciones.
Cuando todo está listo, Curro Romero es un torero de los pies a la cabeza.
El Faraón de Camas ha iniciado su temporada de tentaderos, no muchos, que
tampoco es preciso gastar energías cuando deben guardarse para las plazas.
Los ganaderos cuidan todos los detalles el día que Curro Romero visita la finca.
Es un lujo recibir a un trozo de la historia más reciente del toreo.
Las faenas de tienta que realiza Curro son pequeñas piezas naestras que
sólo algunos pueden disfrutar. Es la música torera en la intimidad
de la dehesa, la pequeña obra poética contada sin estridencias, sin
carreras ni sobresaltos, todo es suave, nada altera la paz ante un torero que es
pura exquisitez en gestos y maneras.
Ese día que Curro visita la finca casi no importa el juego de las becerras.
Siempre será preferible que salgan dulces y nobles para que el mito más
grande que se viste de torero pueda explicar los motivos por los que hablamos
de un arte. Es un día de gozo, de ilusiones cumplidas, es Curro Romero
haciendo su toreo para unos pocos. El ganadero es feliz. Torea Curro.
En estos albores de la primavera, cuando el ambiente empieza a llenarse de olor
a cirio e incienso, cuando algunos almendros ya tienen flores, el sol ha comenzado
a dorar las plantas bien regadas por el húmedo invierno; era en el momento
que ya se habla de los carteles de los días de Feria, cuando media Andalucía
anda cantando coplillas pícaras por Carnaval y la otra media está
metida en los cultos de sus hermandades ante la Semana Mayor, Curro Romero inicia
su peregrinación campera. El sábado fue en la de Gabriel Rojas, el
domingo siguió en El Toñanejo, la finca jerezana de Borja Prado
donde pastan los toros de Torrealta, ayer mismo fue en El Grullo, predio de Joaquín
Núñez del Cuvillo. El campo y las fincas ganaderas están
de enhorabuena, porque un torero lleno de ilusiones, como si estuviera empezando,
ha comenzado los tentaderos.
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